junio 2026
El movimiento por los derechos LGBTQ+ en China ha seguido un camino tortuoso, con avances limitados frente a un control cada vez mayor. La homosexualidad se despenalizó en 1997 y se eliminó de la lista de enfermedades mentales en 2001, sentando bases para una visibilidad incipiente tras décadas de represión, particularmente durante la Revolución Cultural, cuando las personas queer sufrieron humillaciones públicas, prisión y ejecuciones.
El Orgullo de Shanghái, iniciado en 2009 por expatriadas como Tiffany Lemay y Hannah Miller, marcó el primer gran evento del país. Sin marchas públicas —prohibidas como demostraciones políticas—, incluyó actividades indoor como festivales de cine, talleres, brunchs rosas, fiestas de baile, carreras del Orgullo y paseos en bicicleta arcoíris durante unos 10 días. Medios estatales, como el China Daily propiedad del partido, lo elogiaron inicialmente como prueba de tolerancia social y progreso en ciudades grandes. El evento se expandió a un mes de celebraciones, atrayendo miles y uniendo organizaciones locales.
Los obstáculos se acumularon: en 2011, las autoridades bloquearon el sitio web del festival con el Gran Cortafuegos, obligando a anuncios de última hora para evitar interferencias. En 2020, la fundadora Charlene Liu lo canceló por preocupaciones de seguridad ante la presión gubernamental. Hitos legales se revirtieron; desde 2016, las relaciones del mismo sexo están prohibidas en televisión, y el contenido en línea que califica la homosexualidad como 'anormal' es censurado. Activistas hablan de un espacio menguante donde la visibilidad choca con la supervivencia, impulsando eventos clandestinos.
Actualmente, la situación es precaria, sin Orgullos oficiales pero con focos resilientes en Shanghái. Observadores internacionales destacan el contraste con Orgullos globales, resaltando la mezcla única de apertura cultural en urbes y silencio impuesto por el estado. El movimiento sobrevive en reuniones privadas, evidenciando luchas persistentes por derechos en un régimen unipartidista.