65 Estados de la ONU todavía penalizan las relaciones consentidas entre personas del mismo sexo, con niveles de riesgo muy distintos detrás de esa cifra. Qué cambió en los últimos tres años, dónde sigue vigente la pena de muerte y qué fuentes conviene revisar antes de reservar un viaje.
Sesenta y cinco Estados miembros de la ONU todavía castigan las relaciones consentidas entre personas del mismo sexo. Ese dato, que recoge ILGA World en sus datos legales más recientes, no se queda en la estadística de un informe. Afecta a decisiones muy concretas: qué país tiene sentido para el próximo Orgullo, dónde conviene ser prudente en público y dónde la ley puede cambiar más rápido de lo que se actualiza un blog de viajes.
Avances y retrocesos al mismo tiempo
Los números por sí solos ya muestran un panorama poco lineal. Mientras 65 Estados de la ONU siguen criminalizando las relaciones entre personas del mismo sexo, el matrimonio igualitario existe ya en 37 Estados miembros más Taiwán. En otros derechos la distancia es todavía mayor: solo 18 países reconocen legalmente el cambio de género por autodeterminación, apenas 17 prohíben las terapias de conversión en todo su territorio, y únicamente 9 protegen a menores intersexuales frente a intervenciones médicas no consentidas y no necesarias. ILGA World describe esta situación como polarización, no como progreso constante: en algunas regiones los derechos avanzan mientras otros gobiernos aprueban, en el mismo periodo, nuevas restricciones.
Los últimos tres años ilustran bien ese patrón. Islas Cook y Mauricio despenalizaron las relaciones consentidas entre personas del mismo sexo en 2023. Namibia, Niue y Dominica hicieron lo mismo en 2024. Santa Lucía se sumó en 2025, después de que su Tribunal Supremo del Caribe Oriental anulara las leyes coloniales contra la «indecencia grave». En ese mismo periodo, Burkina Faso y Trinidad y Tobago avanzaron en la dirección contraria y reintrodujeron o endurecieron penas. El resultado neto: el número global de países que criminalizan se mantuvo en 65 durante 2025, porque los avances y los retrocesos se compensaron.
En 2025 también llegaron nuevas restricciones a la libertad de reunión y expresión. Hungría, Kazajistán y Burkina Faso aprobaron leyes que limitan la visibilidad queer o directamente las marchas del Orgullo. En el lado contrario, las leyes de matrimonio igualitario aprobadas en Liechtenstein y Tailandia en 2024 entraron finalmente en vigor. De cara a los próximos años, el gobierno de Guyana se ha comprometido públicamente a despenalizar, y en Granada hay un proceso judicial en curso que podría forzar el mismo resultado. Ninguno de los dos está garantizado, pero ambos indican que el mapa seguirá moviéndose en las dos direcciones.
La pena de muerte, el extremo del espectro
Un grupo reducido de países va más allá de las multas o la prisión. Arabia Saudí, Irán, Yemen, Brunéi, Mauritania y varios estados del norte de Nigeria que aplican códigos penales basados en la sharía son los que aparecen con más frecuencia como países donde la pena de muerte es legalmente posible para relaciones consentidas entre personas del mismo sexo. El contexto importa: en algunos de ellos, entre ellos Brunéi y Mauritania, la pena existe sobre el papel pero no se ha ejecutado en décadas, bajo lo que equivale a una moratoria de facto. Eso no vuelve inofensiva la ley, pero sí cambia el riesgo real sobre el terreno. Las cifras exactas varían según la fuente y la fecha de publicación, un motivo más para consultar una base de datos actualizada en vez de un artículo antiguo antes de reservar nada.
Qué significa esto a la hora de planear un viaje
Merece la pena guardar dos tipos de fuentes. La primera es la base de datos de ILGA World (database.ilga.org), que documenta el estatus legal país por país y se actualiza según cambian las leyes, algo mucho más fiable que una lista estática copiada de un artículo antiguo. La segunda son las recomendaciones de viaje del propio país de origen: el Ministerio de Asuntos Exteriores español, por ejemplo, incluye advertencias específicas sobre riesgos para personas LGTBI en las fichas país, igual que hacen sus equivalentes en otros países de habla hispana.
Las aplicaciones de citas merecen especial cautela en los países donde las relaciones entre personas del mismo sexo están penalizadas. En varios de ellos, las autoridades han usado estas aplicaciones y las redes sociales para identificar y tender trampas a personas LGTBI, a veces mediante perfiles falsos. Configurar las cuentas como privadas y usar una VPN donde la legislación local restringe el acceso son precauciones habituales entre quienes viajan. El riesgo tampoco se corresponde exactamente con la criminalización: Singapur apenas aplica la ley que aún conserva y funciona con algo parecido a «no preguntes, no lo cuentes», mientras que Budapest mantiene una escena queer visible pese a la retórica anti-LGTBI del gobierno húngaro a nivel nacional. Ninguno de los dos casos es un permiso para relajarse del todo. La ley local es el punto de partida de la investigación, no la respuesta completa.
Las personas trans enfrentan un riesgo que las estadísticas de criminalización no recogen. Desde enero de 2025, quienes viajan con marcador de género «X» o con un pasaporte que no coincide con su presentación de género actual reciben la recomendación de contactar con la embajada estadounidense correspondiente antes de entrar al país, para confirmar los requisitos vigentes. Es una señal de que incluso destinos sin leyes penales anti-LGTBI pueden cambiar sus normas con poco aviso previo. Las muestras públicas de afecto también tienen su propio riesgo: darse la mano o pedir una cama de matrimonio cuenta legalmente como acto público en algunos países, por muy liberal que parezca el destino en otros aspectos.
La regla práctica es siempre la misma, sea cual sea el destino: no confiar en la experiencia de alguien conocido de hace unos años ni en un hilo de foro desactualizado. Comprobar la situación legal actual diez minutos antes de salir convierte una preocupación difusa en una decisión que se puede planear de verdad.